Ninguna persona debería ignorar dolores poco habituales en el pecho por temor a contagiarse de coronavirus en el hospital, porque a la hora de un infarto cardíaco se vuelve crucial actuar con velocidad.

El presidente de la Sociedad Europea de Cardiología, Stephan Achenbach, afirma que la mayoría de los casos mortales a consecuencia de un infarto se presentan durante la hora siguente a su aparición. 

«Por lo tanto hay una gran emergencia en materia de tiempo, no se puede esperar ayuda», subraya Achenbach.

Y a esto se suma que un infarto que recibe una atención demasiado tardía puede dejar consecuencias a largo plazo, como una  insuficiencia cardíaca grave.

Según indica Achenbach, durante la primera ola de coronavirus durante la primavera europea de 2020 los cardiólogos atendieron menos pacientes infartados en el hospital. Mientras tanto, se incrementó la cifra de casos mortales fuera de los hospitales.

El presidente de la Sociedad Europea de Cardiología considera que estos datos son alarmantes. Y, aunque no puede proporcionar cifras al respecto, señala que es fácil presumir que, en el intento de evitar masivamente los hospitales a causa de la pandemia, murieron más pacientes de lo habitual.

La velocidad cuenta

«El miedo a la covid-19 de ninguna manera puede conducir a una demora en el tratamiento», señala el profesor Thomas Voigtländer, presidente de la Fundación Alemana del Corazón. E indica que justamente mueren muchas personas en el inicio del infarto.

Casi siempre el motivo es una fibrilación ventricular, o sea un latido cardíaco irregular. Este conduce a que el músculo cardíaco ya no trabaje correctamente y que el corazón se quede detenido. 

En esta situación, es fundamental que quienes practiquen primeros auxilios realicen un masaje cardíaco hasta que llegue ayuda. Posteriormente, indica Voigtländer, los equipos de salvamento podrán normalizar el latido cardíaco mediante un desfribilador y el paciente podrá seguir viviendo durante décadas.

Cómo reconocer los típicos síntomas

Como la ayuda rápida es tan importante, deben conocerse los síntomas de un infarto cardíaco. Por lo general, se siente un fuerte ardor u opresión en el pecho. El dolor puede irradiarse a los brazos, la parte superior del abdomen, la espalda, el hombro y la mandíbula.

A veces las personas afectadas se encuentran cortas de respiración o repentinamente padecen falta de aire. A esto pueden sumarse sudoraciones y mareos. Un dolor en el pecho ante un esfuerzo mínimo o en situación de tranquilidad puede estar anticipando un infarto inminente.

Los síntomas como la opresión en el pecho o una dificultad poco habitual para respirar pueden aparecer una y otra vez durante días o semanas previos y desaparecer antes de que se produzca un infarto grave. Por eso, siempre deben tomarse seriamente en cuenta esas señales.

dpa