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Cuando los niños no toleran determinados alimentos…

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Dolor de barriga, flatulencias, diarrea: cuando los adultos no
toleran determinados alimentos, las quejas se pueden expresar
fácilmente en palabras. Pero los niños, y más aún los bebés, carecen
de esas posibilidades.

Las alergias a alimentos o la celiaquía pueden aparecer en niños muy
pequeños, afirma la nutricionista Imke Reese. Pero si las quejas
aparecen cada vez más seguido, los padres deben hacer un protocolo lo
más detallado posible de lo que come y qué síntomas aparecen luego.
Así, los expertos pueden sacar conclusiones sobre las intolerancias
sin necesidad de exámenes complejos, como una colonoscopía, por
ejemplo. 

Las intolerancias no necesariamente se desarrollan sino que pueden
aparecer con el primer trago de leche materna, señala Klaus Peter
Zimmer, director de Pediatría General y Neonatología de la clínica
universitaria de Giessen. 

Por ejemplo, algunos bebés padecen defectos enzimáticos desde el
nacimiento y por ello no pueden tolerar la lactosa. Una vez
diagnosticado, es posible encontrar una solución. “Hay alimentos
lácteos para niños que vienen deslactosados”, explica. 

En el caso de intolerancia congénita a la fructosa, el problema es la
fructosa y debe evitarse estrictamente, afirma Zimmer. También puede
surgir desde muy pequeños una alergia a la leche de vaca. 



Con la debida cautela, el experto aconseja mantener la calma: No
todos los problemas representan un caso de intolerancia. Todos los
niños, como los adultos, tienen problemas digestivos de vez en cuando
después de las comidas. A menudo, estos síntomas mejoran solos con el
tiempo.

Otras intolerancias se comienzan a notar más adelante, como por
ejemplo la celiaquía tras los primeros contactos con el gluten. Pero
igual ya pueden aparecer durante los primeros meses o años de vida,
declara una portavoz de la Sociedad de Celiaquía Alemana (DZG, por
sus siglás en alemán). 

Quienes padecen celiaquía deben evitar ingerir cereales como el
trigo, la escanda, el centeno o la cebada. Si la intolerancia ya la
tienen miembros de la familia, posiblemente también la nueva
generación está afectada debido a que ésta es hereditaria.
Aproximadamente un 30 a 40 por ciento de todos los seres humanos
porta este gen. 

Si un niño sufre síntomas como por ejemplo dolores constantes de
barriga y diarrea, los padres deben llevar a su hijo a un control por
parte de un médico especialista. Si los síntomas no pueden ser
reconocidos, existe el riesgo de que se genere un déficit de
nutrientes. 

Sin embargo, los padres no deben simplemente cambiar la dieta de sus
hijos porque sospechen de una intolerancia. Cada dieta debe ser
indicada por un nutricionista, dice Imke Reese.

”Si los niños sufren de intolerancia, es aún más importante asegurar
una dieta rica y mantener el disfrute de comer”, subraya Klaus-Peter
Zimmer. Una dieta desequilibrada puede llevar a síntomas de
deficiencia, como por ejemplo de hierro si no se consume carne
durante mucho tiempo. 

Quelle: Deutsche Presse-Agentur GmbH

Copyright: dpa

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