Por: Nancy Núnez

Por Nancy Núnez

Era un martes por la noche alrededor de la 9:30 P.M. cuando me sentaba a teclear estas líneas. Había sido un día más en la oficina al que le habían seguido sesenta minutos de ejercicio, por aquello de contrarrestar el estrés que causan las largas horas frente a la pantalla del computador, y luego por las compras del supermercado de último momento y la revisión de las tareas escolares. Pero el ajetreo no termina ahí; siempre hay que hacer espacio para la preparación de la cena y la engorrosa faena de levantar la mesa y fregar los trastos. Finalmente, la jornada finaliza cuando el sueño se apodera de los más pequeños de la casa.

A pesar de que todos cooperen con las tareas domésticas estas, aunadas a las largas jornadas de trabajo y responsabilidades profesionales, terminan, tarde o temprano, por agotar a cualquiera. Las mujeres ganamos cada vez mayor terreno en el área laboral, pero seguimos reinando en los compromisos del hogar y de los hijos.  Entre tratar de jugar el papel de súper heroínas, mantener todo en orden y alimentar y cuidar de nuestro entorno, los años se van volando.  Los retoños crecen, abandonan el nido y puede que ese momento nos agarre desprevenidas. Así que asumimos la faena de criar mascotas, cultivar plantas y llevar a cabo cualquier tipo de proyecto que precise de nuestros cuidados y ternura. Porque al final de cuentas, así somos después de quitarnos cualquiera que sea el título que nos adjudiquen. Somos las que cuidamos, protegemos, amamos, y tratamos de estar siempre presentes para cuando nos necesiten.  

Por tal motivo, cuando llegan festividades como las del Día de Acción de Gracias, estas se transforman en fechas muy especiales. Las familias reunidas durante este convivio particular del año se congregan para dar gracias por todo lo vivido y recibido y para compartir con aquellos que regresan al nido. Un plato de comida y una fecha que marca el calendario se convierten en una ocasión singular, por el simple hecho de darnos ese tiempo para disfrutar con nuestros seres queridos.

En casa mis hijas aún no han partido, pero sé que algún día lo harán buscando su propio camino y que, quizás en un futuro, esperaré ansiosa durante el calendario entero a que lleguen festejos como el ‘Thanksgiving” para verlas volver y nuevamente poder escuchar la casa llena de risas…

Porque, después de todo, lo más valioso que tenemos es la familia. 

Seamos agradecidos por el tiempo y anécdotas que pasamos frente a nuestros seres queridos; por tener la suerte de regodearnos entre carcajadas; por verlos crecer mientras el espejo nos recuerda que cada día nos ponemos más viejos. Demos gracias también por todas aquellas muestras de amor y atención que recibimos a diario, por las experiencias vividas, y por todo aquello que hace que nuestra vida tenga sentido y sea mucho más que una simple rutina. 

¡Feliz Día de Acción de Gracias!