Por Benno Schwinghammer (dpa)

Cuando sale el sol en Manhattan en estos días de primavera, hay algo en el aire de la gran ciudad, dijo hace poco una neoyorquina. 

Las calles están más llenas, el metro y los bares también, las conversaciones de los peatones parecen más relajadas, grupos de amigos pueblan los parques, planean excursiones, viajes y las primeras fiestas en casas.

Así se siente cuando una metrópoli, poco a poco, vuelve a respirar aliviada después de un año de pesadilla por coronavirus.

Con cada vacunado crece el entusiasmo, a pesar de que la cifra de infectados sigue siendo alta. Los artistas de la metrópoli de la costa este de Estados Unidos ansían reencontrarse con su público. Creen que faltan solo pocas semanas para que Nueva York vuelva a ser como antes. Lo que puede ocurrir después es un verano en pleno éxtasis.

Las puertas de madera del «Bitter End», al menos, ya están abiertas otra vez. En el legendario club en Greenwich Village tocaban en su momento Joni Mitchell y Bob Dylan, en tiempos en los que el aire cargado y las gotas de sudor formaban parte de los shows de música neoyorquinos.

Eso será un poco diferente en el año número 60 del «Bitter End», porque las disposiciones para controlar la pandemia permiten desde principios de abril solo algunas decenas de espectadores en vez de cientos. Pero, como sea, ¡vuelve a haber conciertos!

En el «Bitter End» planea su regreso a los escenarios de la ciudad la cantautora Samantha Echo. En agosto está previsto allí su primer concierto. Y ya se entusiasma por este año que promete el fin de la pandemia.

«Tuvimos las manos atadas tanto tiempo», comenta. «Creo que valoraré mucho más el poder actuar». La cantante considera que tras estos tiempos tan duros -hace un año toda actividad en Nueva York quedó suspendida por el confinamiento- los artistas serán más estimados que antes.

Echo tiene apenas treinta y pico, pero como muchos en Nueva York ya completó el esquema de vacunación. La edad mínima para inscribirse para recibir la vacuna descendió recientemente a 16 años. Los turnos en las decenas de centros de vacunación están cubiertos hasta durante la noche.

Casi la mitad de los habitantes mayores de 18 años de la metrópoli de millones de habitantes recibió al menos la primera dosis de la vacuna. La campaña avanza a grandes pasos. Solo preocupa que la cantidad considerable de personas escépticas frente a las vacunas o alguna mutación destruyan el sueño de una libertad post-coronavirus.

Mientras tanto, las cifras de infecciones siguen siendo altas, pero los expertos esperan que esto empiece a cambiar en mayo. Aun cuando el estado de Nueva York seguramente mantendrá algunas restricciones durante meses, el ambiente de fiesta podría crecer semana a semana.

Ya ahora se están haciendo los primeros planes para festejos  privados. Las discotecas vuelven a abrir sus espacios al aire libre. Y en la clandestinidad muchos nunca dejaron de celebrar.

También Broadway va rumbo a la libertad, pero dando pequeños pasos: hace poco, 150 personas asistieron a un show de prueba de media hora en el St. James Theatre, que en realidad tiene capacidad para 1.700 personas. Una señal de vida para las 41 salas de Broadway, que tendrán dificultades para recuperarse.

«Lo peor para nosotros fue que no podíamos hacer teatro», explica Annie Hägg. La actriz recibe en la cocina de su vivienda en el Upper East Side, que convirtió en un estudio provisorio para audiciones por vídeo.

Antes de la pandemia, tenía buenos papeles, entre otros en la serie «Hunters». Luego durante unos meses todo se paralizó. 

«Nadie sabía cómo iba a seguir», recuerda la actriz. Lo bueno es que en otoño volvieron los rodajes en cine y televisión con estrictos protocolos. Pero hasta hoy Hägg hace todas las audiciones desde su vivienda. Casi nunca se junta con otros actores y actrices.

Los procesos de selección para nuevas obras de teatro vuelven a tomar envión en estos días. Y Hägg tiene muchas esperanzas de pronto volver a representar papeles en escenarios clásicos, junto a sus colegas. 

«¿Qué es lo que personalmente más ilusión le hace de los próximos meses? «¡Fiestas!», exclama. «Antes teníamos tantas fiestas. Y adoro ser anfitriona».

Los neoyorquinos esperan que 2021 sea el año de las fiestas, las exposiciones, los conciertos y los shows. Claro que puede llegar a ser un verano en el que los habitantes de la ciudad estén solo entre ellos por la falta de turismo internacional.

La cantante Samatha Echo se entusiasma ante la perspectiva de un tiempo de libertad. «Las personas simplemente estarán felices de poder volver a salir y serán mucho más amables entre ellas. Al menos eso es lo que creo. Quizá esté siendo ingenua».

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