Siempre hay algunos pecados de juventud acerca de los cuales los padres prefieren no hablar. A fin de cuentas, contarlos podría afectar su imagen como modelo a seguir.

Por otra parte, a veces los padres desearían poder contarles a sus hijos algunas tonterías cometidas, de modo que estos sepan que ellos entienden cómo se sienten. Entonces, ¿conviene contar, o mejor no contar nada?

«Solo lo contaría si implica un aprendizaje», afirma la experta alemana en educación Nicola Schmidt. Por ejemplo, si el hijo le cuenta a uno que golpearon a un chico en el patio de la escuela, de acuerdo con la autora de bestsellers germanos como «Educar y retar», se le puede decir: «Yo también hice una vez algo feo en la escuela: le pegué una bofetada a mi amiga delante de todo el mundo. No lo hice nunca más, no estuvo bien».

Por otra parte, Schimdt recomienda que, si un padre se avergüenza hasta el día de hoy de, por ejemplo, haberle pinchado las ruedas del coche a alguien, lo mejor es guardar el secreto, no vaya a ser que se le termine dando ideas a los hijos. 

«Los grandes errores cometidos por los padres en el pasado solo deberían ser tematizados cuando se trata de controlar las agresiones, y solo en caso de que el propio hijo haya cometido o casi haya cometido algo realmente grave», explica Schmidt.